El dolor y la Política: Relatos de Sujetos Mundanos
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Abstract
El dolor es una experiencia de padecimiento y amenaza vital que transita por caminos corpóreos, psicosomáticos y antropológico-existenciales. La reflexión sobre el dolor que aquí se propone toma distancia de la histórica tensión cuerpo-mente o en palabras de Morris (1994), del “mito de los dos dolores”. Esto supone reconocer que más allá del cuerpo como objeto y cosa corpórea, está el cuerpo como sujeto: cuerpo propio, vivido, animado y fenomenal. Es decir, el cuerpo que se siente y se es. De lo anterior, emerge la necesidad de vincular las concepciones biomédicas y psicogénicas del dolor con desarrollos basados en disciplinas varias, que permitan una conceptualización del dolor anclada a categorías subjetivas, culturales y sociales. (p.p. 21-22).
El dolor se conoce a través del cuerpo vivido. La vida se vive en el mundo y las vivencias de dolor son precisamente eso, experiencias de vida únicas e intransferibles. La idea del dolor como condición de la humanidad encarnada implica reconocer que “la fuente primitiva para hablar con alguna legitimidad, acerca del dolor, reside justamente en la experiencia dolorosa” (Serrano de Haro, 2012, p. 15). En otras palabras, el dolor está anclado al cuerpo del yo y es este quien advierte lo que el dolor significa y cómo sus determinaciones son sentidas. Hay que decir que si el dolor se deja en un plano estrictamente físico-material este será, sin lugar a duda, el más terrible de los flagelos y, por ende, hay que evitarlo. Pero si se reconoce la dimensión subjetiva e intersubjetiva de la experiencia dolorosa, se está frente a un sujeto encarnado que expresa sentidos sobre su experiencia con el dolor (p.22).


